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¡Basta de rociador de agua!

Si los gatos se comportaran como nuestros jóvenes y quisieran disfrazarse para asustar a la gente en Halloween, no se disfrazarían de monstruos, sino de rociadores de agua o aspiradoras. El rociador de agua se convirtió en el arma más utilizada por los dueños de gatos para corregir un comportamiento. Muchos libros lo recomiendan y es el primer consejo que encontrará al consultar al "Dr. Google”. Sin embargo, probablemente sea la herramienta más ineficaz para lograr su cometido cuando a usted le molesta el comportamiento de su gato.

¿El gato realmente le teme al rociador de agua?

La gente tiene la idea de que el rociador de agua es una manera perfectamente aceptable de aumentar la intensidad del castigo cuando una reprimenda verbal no basta, ya que no le hace daño al gato. El problema es que las teorías sobre el aprendizaje han evolucionado mucho en la última década y este método, heredero de las antiguas técnicas de adiestramiento de animales, principalmente perros, se ha vuelto obsoleto. Los gatos son mucho menos resilientes al castigo que los perros y no se adaptan tan fácilmente a él. La reacción del gato ante el castigo es simple: ''Eres desagradable y si te comportas muy seguido de esa manera voy a evitarte o ponerme agresivo.''

Como no castigamos nosotros mismos al animal físicamente, creemos que el gato no nos relaciona con el rociador de agua. Bueno, si eso es lo que cree, ¡se equivoca! En su ausencia, el gato nunca fue perseguido por el rociador de agua, por lo que comprende perfectamente que es usted quien lo castiga. Para él, usted se convierte en una persona desagradable. De todas maneras, este castigo es ineficaz con el gato. Creemos erróneamente que funciona porque, en el momento, el animal cambia su comportamiento. Pero, ¿su gato repite este comportamiento no deseado más adelante? Si la respuesta es sí, no queda más alternativa que admitir que el gato no entendió.

¿El castigo realmente funciona?

¿Por qué el gato no entiende? La desventaja del castigo es su falta de precisión. Para que un gato relacione un castigo con lo que hizo, el castigo debe aplicarse en el cuarto de segundo siguiente al comportamiento incorrecto. El gato vive en el momento presente. Si lo castiga cuatro segundos más tarde, mientras se está limpiando, le dará la impresión de que lo está castigando por limpiarse. No solo no comprenderá por qué lo está castigando, sino que además se sentirá cada vez más estresado, ya que creerá que cada vez lo castigan por algo diferente. Y de esta confusión que le produce ansiedad generalmente surgen otros problemas de comportamiento.

Esto no es todo. Para que el gato comprenda que tiene que abandonar un comportamiento en particular, el castigo debería aplicarse cada vez que se produce dicho comportamiento. Ahora bien, es imposible que corrijamos a un gato si no estamos con él. ¿Cómo pretende que su gato entienda que no debe subirse a la mesa si solo lo castiga algunas veces, dependiendo del momento, pero no cuando usted no está, cuando no lo ve o cuando está muy cómodo sentado en su sofá? Lo único que comprenderá es que no le conviene subirse a la mesa cuando usted y el rociador están cerca. Eso es todo.

Los lectores más ambiciosos sacarán la conclusión de que si logran castigar al gato en el cuarto de segundo que sigue a su comportamiento negativo, cada vez que este se produce, lograrán corregirlo. ¡Pues no! Hay otras condiciones y todas deben cumplirse para que un gato entienda perfectamente un castigo. Ahora comprende por qué el castigo, ya sea mediante un rociador de agua, de manera verbal o física, es una estrategia muy poco eficaz. Equivale a expresar todo lo que no quiere, sin transmitirle claramente al gato lo que sí quiere. Es como si tomara un taxi sin darle la dirección al conductor y, al llegar, le reprochara no haberlo llevado a la dirección correcta. Por más que tome una y otra vez el mismo taxi y siempre le reproche al conductor, nunca obtendrá el resultado deseado. Podría pasarse la vida en ese taxi, así como podría pasarse la vida castigando a su gato.

Pero podemos probar con una recompensa...

Desde el descubrimiento de los métodos de aprendizaje mediante el refuerzo positivo se ha observado que es posible educar a un animal (de cualquier especie) sin castigarlo. Por eso, el refuerzo positivo es la solución perfecta para el gato. Encontrar una solución alternativa que sea aceptable para usted (como poner un árbol para gatos más alto que la mesa) o mostrarle qué comportamiento debería adoptar (como recompensarlo cuando se queda en el suelo), en lugar de castigarlo por algo que le molesta, hará que su gato comprenda más rápido.

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16-12-2019